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Sonatas de flauta |
Poco a poco se fue reduciendo el número, hasta quedar solo cinco, entre ellos Arturo y Javier. Se juntaron un poco en el fondo de la mesa y entonces, mientras apuraban la última copa, comenzaron a charlar de trabajo.
Javier, que de por si, ya era bastante bocazas, lo que le faltaba era que le tiraran de la lengua de esta manera. Era como poner a un niño ante un caramelo. Javier se hincho por un momento, disfrutándose y gustándose por la invitación que le habían hecho de alardear sus conquistas. Comenzó a describir con las manos y bajando la voz para crear mas expectación.
Como si se tratara de un profesional de la narración, miraba a los ojos de sus colegas buscando la complicidad, mientras hacia una pausa. Todos estaban ensimismados con el relato.
Y volvió a acompañar con las manos la descripción como si pudiera tocárselas en ese momento. Todos rieron con ganas. Estaban disfrutando del momento y Arturo comenzó a pensar que a lo mejor había sido injusto con Javier. La verdad es que era un tío simpático y divertido, no como los compañeros tan aburridos que el tenía en la oficina. El tema principal de conversación era el trabajo o si no los niños. Javier le traía un aire nuevo y sobre todo le estaba haciendo disfrutar. La postura de Arturo, un poco recostado hacia atrás en la silla, con de aire de autosuficiencia, intentaba transmitir que aunque le parecía muy divertida la narración, él no sentía ningún tipo de envidia, tenía mucho éxito con las mujeres e incluso su novia podía superar la descripción que estaba haciendo Javier.
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