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Sonatas de flauta

 

Sentía correr el agua tibia sobre su cara, después de terminar el partido del año. La ducha reconfortante después del esfuerzo. La empresa de la competencia contra ellos. Habían sufrido una considerable derrota y ya pensaba las burlas y críticas para el resto del año en su trabajo. ¡Como nos han podido ganar! Pensaba Arturo.

En el vestuario, cabizbajos, sus compañeros aún se quejaban como si todavía estuvieran a tiempo para remediar lo irremediable.

- Os he dicho que tuvierais cuidado con el siete.

Mientras los rivales, ya habían comenzado a torturarles.

  • O sea que os toca pagar, cenita, copas y lo que surja.

Seguido de el clásico vitoreo.

  • Ooooeh, ooooeh ooooeh.

Cantaban zarandeando las toallas a modo de banderas.

Arturo asumía con desgana y resignación el ondeo de las toallas de sus rivales, mientras se secaba en el banco del vestuario..

Javier Inchausti, Director comercial de la empresa rival era el que ponía mas empeño en el regodeo. Ya le conocía de anteriores años y partidos, le miraba pensando lo fantasma que podía llegar ser una persona. Llevaba la toalla anudada a la cintura mientras saltaba de un lado para otro en medio de la celebración. Entonces, en un descuido, piso una zona mojada y resbalo hasta caer al suelo.

La caída fue celebrada con gran regocijo por todo el equipo de Arturo e incluso el propio Arturo pensó “Idiota, se lo tiene merecido”.

Javier se levanto como pudo, mas conmocionado por el ridículo que por el dolor. Según se ponía en píe la toalla se deslizo, de modo que al levantarse estaba desnudo.

  • ¡Joder! Dijo Arturo en voz baja.

Javier tenía un miembro tamaño XL, Arturo pensó con envidia.

  • ¡Dios le da alas al más tonto!, siempre pasa lo mismo.
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